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12 cocineros colombianos nos reunimos para rendirle tributo al campo de nuestro país, a pedir el apoyo de la academia, de los restaurantes e instituciones, pero en especial de los demás profesionales de la cocina, para que se comprometan como embajadores de los productos autóctonos del campesinado colombiano, este es definitivo como contribución a los procesos de paz que tanto anhela el país.

Colombia llegó a tener más de 160 mil hectáreas cultivadas con coca, se deforestaron, en promedio, 4 hectáreas de bosques por cada uno de coca, según estudios realizados por el Sistema de Información y Monitoreo de Cultivos Ilícitos –SIMCI–, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).


Todos estos cultivos ilícitos se encontraban en regiones con una riqueza ambiental inimaginable, donde aún es posible encontrar especies endémicas, familias de tigres, osos de anteojos y de dantas; nacederos de agua que bañan extensos terrenos, árboles milenarios y una ubicación absolutamente privilegiada, y todo esto se encontraba en manos del narcotráfico.


¿Cómo un campesino que solo conoce la violencia y el cultivo de droga como sustento de vida obtiene herramientas para salir adelante de manera honrosa y digna? ¿Qué lo motiva a hacerlo?


En su gran mayoría, las personas que dejaron esta actividad, que actualmente se hacen llamar Familias Guardabosques, le atribuyen su cambio a una nueva forma de ver la vida, a las capacitaciones sociales y técnicas dictadas por la Dirección de Programas contra Cultivos Ilícitos, al oír la frase: “La tranquilidad que trae la legalidad no tiene precio”. Gran parte de estas personas tuvieron cultivos de coca o amapola, fueron labriegos, cocaleros, ‘raspachines’ y víctimas de la violencia. Pero, a diferencia de otros como ellos, lograron dar un paso significativo hacia la legitimidad y aprovecharon oportunidades brindadas por el Estado y entidades como Consolidación Territorial y las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, gracias a proyectos desarrollados a través de una estrategia denominada Desarrollo Alternativo (prevención, erradicación y sustitución de cultivos ilícitos).


Con base en modelos económicos y sociales internacionales como el de Vietnam, desarrollado en 1986 después de la guerra de 1975, Colombia tiene hoy día más de 60 mil familias que optaron por los cultivos legales y que, además, aún creen que es posible hacer algo por el medio ambiente. Es por esta razón que trabajan de una manera integral y sostenible en sus territorios. Se han asociado, fortalecido sus procesos organizativos e identificado la mejor manera de impactar la naturaleza amigablemente.


Cincuenta y dos de las más de 700 organizaciones que existen en 58 municipios que tienen estas características de orden público, violencia y narcotráfico en Colombia, lograron participar en la reciente feria de alimentos y bebidas Alimentec, una de las más importantes de Latinoamérica, donde, además de exponer sus productos, narraron sus vivencias a los visitantes, entre los que me encontraba, que, conmovido por todas y cada una de sus historias de vida, decidí compartirles y mostrarles este esfuerzo por parte de estos maravillosos campesinos, afrocolombianos, indígenas y raizales, entre otros, apoyados por entidades internacionales y el Estado.


Detrás de todos estos productos hay una historia. Cada productor tiene un pasado, que en algunos casos desean olvidar y que en otros toman como ejemplo y motivación para mostrar su progreso. Tienen un presente que es su motor de vida, del cual se sienten orgullosos. Y tienen un futuro que depende de la aceptación de ese trabajo dedicado, constante y minucioso que realizan. Claramente estos productos, dadas sus características tanto geográficas como de calidad, tienen un costo más elevado en comparación con los tradicionales, costo que se hace mínimo si se analizan sus múltiples beneficios para el país, la economía, la paz y el medio ambiente.


Estos productos, como el café, el cacao, el caucho, la miel, la panela, el aguacate, la pasiflora y el pescado artesanal, entre otros, cuentan con múltiples certificaciones internacionales de calidad y responsabilidad social; los más conocidos de estos son Rain Forest Alliance y Fair Trade.

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